Entrevista

En la mitad del momento histórico

Una entrevista con Carolina Campos y Joel Stängle sobre su documental Niebla de la Paz (2020)

El documental hecho en Latinoamérica no deja de sorprender con obras insólitas y valientes que describen el mundo para cambiarlo. Es el caso de NIEBLA DE LA PAZ (2020), un documental que analiza el desarrollo reciente de la sociedad colombiana alrededor de los Acuerdos de la Paz, firmados entre el gobierno y las FARC en la Habana en 2016. El gran mérito del documental está en la contraposición de los niveles macro- y microhistóricos de los procesos políticos en Colombia, que son muy interdependientes, aunque no van de la mano. El título es una alusión a la “niebla de la guerra”, término bélico que describe la falta de certezas más allá del horizonte. Parece una ironía amarga que este hecho no cambia en tiempos de supuesta paz, después del largo conflicto colombiano la incertidumbre sigue en pie. Conversamos con Joel Stängle y Carolina Campos el director y la productora del documental.

Comencemos con una retrospectiva, un antes y después: NIEBLA DE LA PAZ  es un documental que en gran medida tuvo que componerse al andar, porque estaba sujeto a los imponderables del rumbo político. ¿Hubo un concepto tentativo en el comienzo del rodaje? ¿Difiere mucho del resultado?

Teníamos algunos intereses, por ejemplo la mítica historia de Marquetalia, donde 16.000 soldados atacaron a 48 campesinos que resistieron y posteriormente conformaron las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo). También estábamos interesados en cómo las FARC lidiaban con su imagen política en los medios. Pero rápidamente nos dimos cuenta que no se trataba de un filme acerca de lo que queríamos mostrar, sino de filmar eso que llamaba a ser filmado. No podíamos dimensionar las posibilidades, así que nos mantuvimos abiertos para aprender y sorprendernos. Con cada evento y giro del proceso de paz (tanto en la Mesa en La Habana como en Colombia en terreno), el documental iba cambiando. Fue una constante búsqueda de historias, metáforas y patrones que permitieran mostrar la profundidad y el sentido de esa coyuntura. La búsqueda nunca paró, así que inevitablemente se transformó en un filme acerca de la narrativa de la guerra y la paz y de la búsqueda literal y metafórica de la memoria.

El documental intenta trazar la trayectoria desde “la niebla de la guerra” hacia “la niebla de la paz” – ¿Hubo acontecimientos durante el rodaje en los que la dramaturgia del documental salía del cauce?

El concepto de “la niebla de la guerra” es un concepto clausewitziano que se refiere a la incertidumbre de la guerra. Tal elemento imprevisible puede ser una ventaja o una desventaja. Este filme fue hecho entre la niebla. Un ejemplo proviene de uno de los momentos más obvios, cuando ganó el voto en contra de los Acuerdos de Paz en el plebiscito. En ese momento estábamos en un campamento de la guerrilla y en la noche los aviones del ejército nacional empezaron a sobrevolar la zona de nuevo. Esa noche, entre la inseguridad y la incertidumbre, tuvimos que aceptar que íbamos por un camino sin saber a dónde nos llevaría, y que nuestro filme no terminaría con un apretón de manos y la paz. Había que continuar a través de la niebla de la guerra a la niebla de la paz.

La creación del cine documental implica varios dilemas éticos. En NIEBLA DE LA PAZ surgen sobre todo en los momentos de incomodidad o reticencia de ser filmado – frente al espejo, en la densidad del Chocó, en las mesas conspirativas de la Habana matutina. ¿Cuál fue su forma de aproximarse a los personajes del documental? ¿Alguna estratagema en particular para romper el hielo?

Para alguien de afuera es imposible tener acceso real a las FARC. La confidencialidad de la información fue crucial para que esta guerrilla lograra perdurar por más de 50 años. En los campamentos, los guerrilleros tenían una camaradería construida por años de vivir juntos y compartir experiencias. Al principio tratamos de hacer algunas entrevistas pero no salían naturales. Pasamos mucho tiempo en los campamentos sin filmar, a veces semanas. Un día conocí a Teo durante un juego de ajedrez, y eventualmente él compartió con nosotros una carta que había escrito para Nelly, su pareja, muerta 10 años atrás; esto fue tremendamente poderoso. Él había estado llevando un diario y recogiendo historias de sus camaradas, así que empezamos a seguirlo mientras hablaba con otros compañeros y de esa forma el mundo guerrillero comenzó a abrirse.

En La Habana fue diferente, había cámaras por todas partes, con un escenario político vienen las respuestas políticas que no nos interesaban. Conocimos a Boris, quien hacía parte del equipo de comunicaciones de las FARC y quien como guerrillero andaba con su cámara documentando tanto como podía. Conectamos porque compartíamos el mismo espíritu de contar historias. Creo que también fue el hecho de que no estuviera interesado en su material para usarlo como mío. Estábamos interesados en sus sueños, historias y reflexiones y en lo que su material decía sobre él y su movimiento. Con el tiempo él compartió su material fílmico. Así que nuevamente, a través de Boris, pudimos abrir una ventana al mundo de los altos mandos de las FARC.

¿Hubo en algún momento la idea de introducir personajes antagónicos, ideológicamente opuestos para dar una imagen más transversal de la sociedad colombiana? 

Era un momento único para acompañar a lxs guerrillerxs en ese proceso de cambio, y sentimos importante compartir esta experiencia con el público, para que a lo largo de la película pudieran tener la sensación de estar en la mitad de este momento histórico. Nunca pretendimos hacer un documental periodístico donde es usual mostrar las dos partes persiguiendo una idea de “objetividad”. Sin embargo, este filme sí presenta una mirada crítica, la diferencia es que proveniente de la misma FARC. La autocrítica es más poderosa que la crítica de sus adversarios.

Pero además no es un filme que pretenda ser una mirada de autoridad sobre los Diálogos de Paz o la historia colombiana. Está creado para ser parte de un diálogo que junto con otros filmes, investigaciones, obras de arte, etc. pueda proporcionar elementos para entender el conflicto colombiano. Es solo una pieza más dentro de un mosaico.

¿Los fragmentos autorreferenciales eran un recurso consciente o un elemento ineludible del documental?

Los reflejos en los espejos y las interacciones con la cámara son todos partes de la narración de Boris en La Habana, su video diario. Durante la edición pudimos haberlos cortado pero pensamos que era importante que la gente no perdiera de vista que era un guerrillero de las FARC llevándonos a un espacio muy privilegiado y mostrándonos la historia desde su punto de vista, y eso incluye también los espacios a los que no pudo acceder. Además denota su persistencia en querer mostrar la esfera privada de los líderes de las FARC. Fue un gesto de honestidad acerca de las limitaciones y dificultades de su lucha por documentar los Diálogos de Paz y los jefes de las FARC.

¿Cómo se desarrollan las vidas de los dos protagonistas después del rodaje? ¿Creen que es importante mantener los lazos con los filmados?

Teo está actualmente viviendo bajo amenaza. Hay un número de grupos armados en Colombia que tienen a excombatientes en una lista para ser asesinados, en una de ellas aparece Teo. Por su parte Boris está terminando su pregrado. Así que se puede decir que están viviendo entre el peligro y la esperanza. Y sí, para nosotros es importante mantener el contacto cuando es posible. Al filmar personas y sus historias se contrae responsabilidad. Es una forma de explotación tomar la historia de alguien y desaparecer. Sin embargo en muchos casos no ha sido posible mantener el contacto porque muchas de las filmaciones se hicieron mientras la guerrilla era clandestina. Eso significaba que las personas usaban alias y no tenían celulares o correos electrónicos para intercambiar. Pero todavía seguimos tratando de contactar a aquellos a quienes conocimos y con quienes perdimos contacto.

Colombia tiene una tradición de cinematografía educacional que intenta hacer mella en la conciencia colectiva y cambiar el rumbo del país. ¿Dirían que NIEBLA DE LA PAZ retoma este hilo?

Creemos que los protagonistas de La Niebla de la Paz condujeron el documental por el rumbo de la memoria histórica como respuesta a la falta de esta. La memoria colectiva (o la falta de ella) en América Latina difiere de la de otros lugares por varias razones, pero en gran medida es una razón política. Por ejemplo: el actual director del Centro Nacional de Memoria Histórica en Colombia, nombrado por el presidente, ha negado que hubiera existido el conflicto armado en Colombia. Este filme está en resistencia frente a aquellos que quieren mantener a la gente viviendo día a día desconectada del pasado y sus enseñanzas.

Munich / Bogotá, 07.11.2020